Ejercicios
Cuestionario sobre la administración segura de llaves en instalaciones protegidas. Evalúa el principio de mínimo acceso, los registros de entrega, las jerarquías de amaestramiento, la custodia de duplicados, las auditorías y la actuación ante pérdidas o indicios de manipulación. También aborda controles aplicables a llaves temporales, gabinetes electrónicos y llaves de emergencia.
Responde las preguntas a continuación y revisa la explicación de cada respuesta.
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El principio de mínimo acceso limita cada llave a las áreas necesarias para la función asignada. Así se reduce el impacto de pérdidas, usos indebidos o accesos no autorizados.
Un gabinete abierto y sin vigilancia expone todas las llaves. Debe asegurarse de inmediato, verificarse el inventario y documentarse la incidencia para detectar posibles sustracciones.
En un amaestramiento, una llave de nivel intermedio suele ser una llave maestra: abre varios cilindros de un grupo, pero no necesariamente todos los del sistema.
El registro debe vincular una llave identificable con una persona y un periodo de custodia. Estos datos proporcionan trazabilidad y permiten investigar retrasos, pérdidas o usos no autorizados.
La identificación de quien entrega y recibe, junto con el registro del momento de la transferencia, mantiene la cadena de custodia y asigna responsabilidades.
Un código neutro permite administrar la llave sin revelar qué puerta abre. La relación entre código y cerradura debe conservarse en un registro protegido y accesible solo para personal autorizado.
Los perfiles restringidos dificultan obtener llaves en bruto compatibles. Si además cada copia requiere autorización y registro, se fortalece el control técnico y administrativo de la duplicación.
Las marcas inusuales pueden indicar manipulación o intento de intrusión. Debe evitarse alterar posibles evidencias, restringir el acceso y solicitar una inspección técnica documentada.
Si la llave puede asociarse con una puerta, su recuperación futura no está garantizada. Reconfigurar el cilindro o cambiar su combinación invalida la llave perdida y restablece el control.
Una etiqueta descriptiva revela el destino de la llave a quien la encuentre. Deben emplearse códigos neutros cuya correspondencia con las puertas esté protegida por separado.
La baja debe incluir la devolución física, la conciliación con el registro y la evaluación de anomalías. Si falta una llave o pudo ser copiada, deben adoptarse medidas sobre los cilindros afectados.
Un gabinete electrónico puede autenticar usuarios y generar eventos de entrega y devolución. Esta trazabilidad facilita auditorías y alertas, aunque no sustituye los demás controles de custodia.
La conciliación contrasta la realidad física con los registros completos. Debe incluir llaves almacenadas, prestadas, devueltas, perdidas y retiradas para detectar discrepancias.
Un sello roto revela una apertura que debe poder justificarse. Aunque la llave esté presente, pudo utilizarse o copiarse; por ello se requiere verificación, registro e investigación antes de volver a sellar.
Las llaves temporales deben vincularse a una persona y tarea concretas, con acceso mínimo y plazo definido. La devolución debe verificarse y quedar documentada al finalizar el trabajo.
La segmentación por grupos evita que una sola llave abra toda la instalación. Restringir la entrega de llaves maestras reduce tanto la probabilidad de pérdida como el alcance del incidente.
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